Posteado por: gabrielposada | Septiembre 13, 2008

Feria de Armas de Georgia: La Curiosidad me Mata

Las armas tienen un solo objetivo en este mundo y ese es acabar con los objetivos de otro. Las detesto, les temo, les huyo, las desprecio; estoy seguro de que fue más útil para mi niñez aprender a hablar con los del barrio, que aprender a disparar con ellos, pues la mitad de mis amigos que lo hicieron ya no están o terminaron mal. Un domingo de estos, mi amigo “M. Brown” [24 años] esgrime tres justificaciones para comprarse una en la feria de armas de Georgia: están muy baratas, si queda un demócrata en la casa blanca van a subir de precio y se va a mudar a la ciudad con el mayor índice de criminalidad de la Florida, Fort Lauderdale [donde nunca pasa nada]. Algunos gringos justifican sus acciones personales con estadísticas sociales, así es que compran armas.

Mi discusión con mi amigo tuvo como argumento que en este país no hay necesidad de andar armado y que las armas sólo sirven para matar gente y que él no era un asesino, pues acabábamos de salir de misa y que la vida sería muy distinta el día que tomara la decisión equivocada de matar a alguien. Así partimos cada uno por su ruta después de un breve refrigerio. Cabe anotar que mi familia tenía varias escopetas y carabinas para la escasa seguridad en la finca cafetera en que me crié, y que aprendí a disparar a los 11 años de edad armas más largas que yo por cuenta de mi abuelo, que era un viejo cazador de la región; pero mi carrera armamentista terminó el día que casi mato una vaca por accidente en medio del humero negro y el sabor a pólvora en mi boca después de disparar una escopeta de Fisto, además le cogí miedo a los revólveres y pistolas a pesar de tener buena puntería en la rudimentaria diana, desde que asumí lo delictivo de las armas sin permiso y que no están hechas para absolutamente nada bueno.La feria de armas del estado de Georgia está ubicada por un sólo día en la plaza de mercado del sur de la ciudad, por donde casualmente debo pasar en camino a visitar a mi amigo Iván, un mexicano de mi edad, que conserva su gusto por el rock y que vive en una modesta casa con su familia en los suburbios de Atlanta. La curiosidad me arrastra y definitivamente decido visitar la feria montada en una de las bodegas en las que normalmente almacenarían víveres y alimentos; un simple vistazo desde la puerta me ilustraría el fisgoneo. Al momento de parquear asumo la inmensa cantidad de visitantes y su procedencia por el tamaño de las camionetas. Tres compradores con pinta campirana se aproximan sonrientes como un niño salido de una tienda de caramelos: uno lleva un revólver 38 colgando del dedo índice y una cajita en la otra mano, otro lleva varias cajas de munición en las manos y una pistola en la correa y el tercero un fusil negro adherido a su cuerpo como si fuera un bate; la experiencia me consterna y creo que ya fue suficiente para abandonar aquel lugar.

Llego hasta la puerta del evento en donde hay dos policías y después de pagar la entrada de ocho dólares a una señora parecida a una Dolly Parton estropeada, con marcado acento campesino, alzo mi mirada para ver aquel arsenal de todo tipo de rifles y fusiles expuestos en la enorme bodega, ordenados por hileras y una sensación de ansiedad llena mi respiración, me dio hasta risa, era absurda la variedad y los precios. Lo primero que me sorprendió fue ver como los que atendían los mostradores estaban armados, aquí ni modo de escaparse sin pagar! Después empiezo a detallar unas curiosas armas que sólo había visto en TV.Ahí estaban todas disponibles, a la orden; mi mano nunca había empuñado un “fierro” de estos y tuve el tiempo y la curiosidad de pesarlos a todos :

“Un .38, Smith & Wesson el especial, que carga encima pa’ que la libre de todo mal”… por sólo US$ 309, con variación de cacha rosada, tal vez para señoritas y unas 20 variedades de la misma arma, y apenas pasaba el primer stand.
Un enorme cañón del mismo fabricante que hizo la historia del viejo oeste, costaba US$ 400 en una cajita de madera. Taurus .38 especial US$ 309, pistolas de la última generación Glock, de las que porta la policía US$ 299, Smith & Wesson calibre .54 Blow Out US$ 649, pistolas Taurus calibre .45 US$ 649, Millenium calibre .40 US$ 329, una aterradora pistola de 9 milímetros MP negra de las que cargan los malos en Colombia aquí cuesta sólo US$ 469, más .38 especiales de otros fabricantes, US$ 479, .38 Magnum y .357 US$ 309, 45mm US$ 419. No hallo la diferencia entre una escopeta y un rifle, pero ahí estaban las 1095 a US$ 555, otras a sólo US$ 250, Sawyer US$ 949, otros a US$ 495. Nuevos Smith & Wesson a US$ 595.

Un joven soldado uniformado de ascendencia coreana se mide con una pequeña pistola escuadra a mi lado, me dice que ya ha tenido armas personales antes y que le gustaría una de “conciliación” por lo baratas, mientras que un robusto vendedor de Kentucky me resuelve una curiosidad: una de mis películas favoritas es “Snatch” ahí sale un bandido con un enorme cañón en la mano llamada Desert Eagle, ¿la tiene?
-Claro!
Me muestra dos versiones del animal de fabricación israelí, una negra y una plateada, la plateada es la que me llamó la atención, pesa como un demonio y él me dice que es mejor, porque patea menos y me recomienda un cómico video en YouTube.
Ahora paso a la sección más poderosa, la de los fusiles y armas largas, en donde atienden unos señores que portan botones que argumentan que “las armas salvan vidas”! Hay de todo tipo de calibre, de todos los precios y hasta de segunda, para economías menos favorables: los rifles Stinger tienen US$ 100 de descuento, los de repetición normales cuestan US$ 499, Laughter a US$ 400, los de mira telescópica desde US$  299. Antes de la sección de ametralladoras negras de Mainstreet Firearms, que cuestan desde US$ 1099, me llama poderosamente la atención una de ellas más ancha y pesada que contiene 250 balas, su precio es US$ 2249. Y al final está ese fusil de fabricación rusa que labró parte de la historia del Gangsta Rap de Compton, California y South Central, de donde venían 2Pac y Dr. Dre, hasta las rebeliones en repúblicas como Mozambique, que ahora lo porta en su bandera; el AK-47 cuesta aquí desde US$ 499 y lo promueve un curioso cartel: “Cómprelo antes de que lo prohíban”!
- ¿Qué debo hacer para comprar una arma?
- Puede llevársela a su casa y después sacar una licencia en la estación de policía o en un club de caza. Responde el vendedor con chaleco y gorra de cazador mientras mata un ojo.
- ¿No debería ser al contrario?
- No se preocupe, que camino a su casa sólo debe mostrar la factura si la policía lo detiene.
¡Al parecer es más fácil comprar un arma y cargarla de munición que comprar un iPod  y cargarlo de música!
Al día siguiente me encuentro de nuevo con mi amigo “M. Brown” y me muestra la foto de su nuevo juguete Glock en el celular mientras mantiene la munición sobre el escritorio.      
Me pregunta por qué tengo un rasguño en el pómulo izquierdo, le respondo que un negro me dio un puño en la cara por demorarme parqueando.
- ¿Viste? ¡por eso compré un arma!
- Precisamente por eso es que yo no la compro, porque le dí al negro lo suyo. Pero sí me dio miedo de que estuviera armado…
Gabriel Posada
Atlanta GA
Septiembre 07 de 2008.

 


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