Posteado por: Gabriel Posada | 24 Septiembre 2008

Richard Wright: Otro Ataúd en la Pared de Pink Floyd

Era el comienzo de una nueva semana, 15 de septiembre. El tedio del día lunes no se hacía esperar, trataba de ganarle la carrera al tiempo para dar por terminadas las tortuosas diligencias de mi profesión en la dirección de impuestos de Medellín. Faltaban pocos minutos para el medio día, cuando una llamada de mi amigo Mauricio Grisales me comunicaba la trágica noticia como si fuera personal: Richard Wright, teclista de la banda de mis afectos Pink Floyd, había muerto de cáncer esa mañana en el norte de Londres.

Fue una dura noticia al igual que lo fueron la muerte de John Lennon, George Harrison, Freddie Mercury o Syd Barrett; el afán de mis diligencias no daba espera y solo tuve como respuesta “Gracias por avisarme, que pérdida tan grande”. El tiempo en la ciudad no rinde, salía de un lugar para dirigirme a otro lúgubre edificio de trámites públicos, mi teléfono volvía a sonar, Raúl Ayarza fue la segunda persona que llamaba a comunicarme la triste noticia. No habían pasado 30 minutos y Gabriel Posada desde Atlanta no podía faltar con su opinión ante este acontecimiento, hubo más llamadas durante el día y la semana, Lina García y Ramiro Mejía se unieron a la lista. Fue así cuando no tuve otra opción que tomar la odiosa “figura” de las comparaciones, para comparar la muerte de Wright con la última muerte de un pariente en mi familia; Había sido diferente con seguridad, quizá hubiera tenido que dejar a un lado mis trámites y diligencias para asistir a la ceremonia o al funeral y contemplar las duras escenas de mis familiares en su duelo.

Entendí en que radicaba la diferencia; mi día y mis trámites no cambiarían en lo absoluto por la muerte de un miembro de una banda de Rock que ocurría a millones de kilómetros de mi ciudad. No habría permisos para dejar de laborar y mucho menos unos cuantos segundos para lamentarlo. Lo inexplicable es que recuerdo que cuando murió mi pariente sólo recibí una llamada y ahora mi teléfono no paraba de timbrar.

Pensé: ahora todas las agencias del mundo dirán que murió el “fundador” de Pink Floyd, con esos calificativos amarillistas erráticamente acostumbrados para darle importancia a sus primicias. No, no tenía que ser el fundador, bastaba con pertenecer a la mítica, legendaria y exitosa banda Pink Floyd para merecer su divulgación en todos los medios noticiosos. Bastaba con haber participado en todos sus trabajos discográficos a excepción de “The Final cut” y las giras de “The Wall”, donde aparecía como músico de sesión, en pocas palabras como un asalariado más a causa de notables diferencias con Roger Waters, quién por esa época luchaba por estar al mando del grupo.

Richard Wright nació el 28 de julio de 1943 en Pinner, Inglaterra. Hijo de Robert Wright, bioquímico jefe de Unigate Dairies y de una dama Galesa llamada Daisy, a quién debe su apoyo y confianza para aprender a tocar el piano de manera autodidacta. Conoció a Roger Waters y a Nick Mason en la Escuela Politécnica de Arquitectura en Regent Street, donde concluyó que la arquitectura no era lo suyo, acabando en el “London College Of Music”.

La impresión de los miembros de la banda, era la de una persona tranquila e introvertida, solo basta con escuchar sus dos trabajos en solitario “Wet Dream” en Mayo de 1978 y Broken China” en Noviembre de 1996, para entender que era un músico excepcional de melodías impecables, cuyo calificativo no se debe únicamente al éxito de la banda.

El sábado 2 de julio de 2005, gracias a la astucia de Bob Geldof, lo supuestamente imposible sucedió: los cuatro integrantes de Pink Floyd, un elenco de ególatras como alguna vez los definió el propio Nick Mason, se reunieron para una obra benéfica, el concierto “Live 8”, terminando fundidos en un abrazo que nadie esperaba, después de un concierto en el que Pink Floyd añadió el toque imprescindible de “novedad” a falta de tragafuegos o malabarismos personales todos se preguntaban ¿Por qué demonios se habían reunido?

Yo diría que concientemente por una obra benéfica e inconscientemente para limar las absurdas asperezas, porque entre cabelleras tan blancas, en un abrir y cerrar de ojos, alguien podía faltar…
Nos quedan en la retina, las últimas imágenes de Wright en el tour de David Gilmour denominado “Remember That Night”, cubiertos de canas pero inmensos en el escenario.
Como no extrañar a Wright, si escucho su música desde los siete años de edad? Como no dolerme su muerte si pienso en El y los otros tres integrantes del grupo todos los días? Como no dolerme, si por su inspiración conocí amigos tan especiales?

Es así como a los románticos e ilusos del Rock, con la muerte de Wright, se nos esfuma la leve esperanza de volver a ver unidos a los cuatro arquitectos musicales. Es así como seguirá timbrando mi teléfono para recibir de boca de los amigos que vibran con el Rock, la nefasta noticia que aquellos creadores de la banda sonora de nuestras vidas, morirán, sin necesidad de ser parientes o amigos, de asistir a funerales o ceremonias, de perder el apetito o llorar… dejándonos un luto muy adentro del corazón.

 

Juan Diego Pavlovski

El Retiro Antioquia

Shine On You Crazy Diamond

Septiembre 16 de 2008


Respuestas

  1. Comparto el mismo dolor … que pena que se haya ido el mejor tecladista psicodelico , los escucho desde los 6 años y hasta hoy que tengo 18 Pink Floyd ha sido como mi inspiracion de vida


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